Septiembre empezó como cualquier otro mes en el hogar Sierra Dorada: colegio y apoyo escolar entre semana, clases de lectoescritura para algunos, arte para otros, noches de películas en DVD, sabados de aprendizaje y domingos de deporte. Todo parecía transcurrir de manera tranquila en San Marcos Sierras mientras por lo bajo se escuchaba “Córdoba se quema”. La advertencia parecía lejana: algo que compartimos la mayoría de las personas es que vemos las catástrofes de lejos creyendo que nunca nos va a tocar; pero esta vez el incendio golpeó a la puerta principal.
El domingo 22 de septiembre, despues del mediodía, los niños y niñas del hogar terminaban de encargarse de limpiar la mesa y lavar los platos mientras todo parecía estar en calma, la calma previa al huracán. Lentamente el olor a quemado empezó a invadir los pulmones de los sanmarqueños. Por la tarde ya no solo se olía a madera quemada sino también sentía en el cuerpo: lágrimas en los ojos y picazón en la garganta impedían ver y respirar con normalidad. Algo no estaba bien. La incertidumbre y la contradictoria información que circulaba parecía postergar lo impostergable. Por la tardecita, el humo tiñó el cielo de rojo y negro, y con un escenario apocalíptico ya no habia margen para la duda: había que evacuar.
El fuego avanzaba por tres frentes y los bomberos invitaron a evacuar a todas aquellas personas que se encontraban cerca del pueblo. Los chicos y chicas del hogar, este último ubicado en la zona alta del pueblo y en el límite con el monte nativo, fueron de los primeros que tuvieron que armar sus mochilas con lo indispensable y dejar todo lo demás atrás. Cuando la idea de la muerte aparece, nos damos cuenta de la impermanencia de las cosas y el miedo a ella se manifiesta en el grado de apego a lo material (y a nuestra existencia).
A los dos días el hogar volvió a recibir a los adolescentes con las manos abiertas: el fuego no llegó a cruzar la sierra fronteriza pero continuó amenazando toda la semana. El pueblo se organizó para controlar lo incontrolable y finalmente llegaron los aviones hidrantes. Luego de una semana cargada de emociones, San Marcos parece retomar un poco la calma; aun asi, los focos de incendio persisten. El fuego arrasó el monte pero nos dejó algunos interrogantes para que reflexionemos: ¿Qué causa los incendios: la negligencia, la inconsciencia o la codicia humana? El calentamiento global crece: ¿Qué planeta le queremos dejar a las generaciones futuras? ¿todavía estamos a tiempo de dar vuelta la historia o la historia ya está escrita y hay solo una idea ilusoria de posibilidad y control? .
El monte se quema, también el planeta y la vida que este alberga. Con el paso del tiempo se nos escapa la oportunidad de amar y terminar de una vez por todas con el sufrimiento humano. No perdamos esta maravillosa oportunidad de ser; de ser Eso que no podemos dejar de ser.
“Tierra la más bella de todas
Quieren vender tu lindo cuerpo.
Perdónalos porque no saben
Que están buscando poder en vez de amor.”
Danit.