Diciembre suele ser un mes cargado de actividad. Entre el cierre del año y las ganas de despedirlo con nuestros seres queridos, la energía se renueva y nos impulsa. Para nosotros, este mes ha sido también un tiempo de reflexión. El fin del año escolar, a mediados de diciembre, nos ofreció una pausa para mirar atrás y valorar lo vivido.
El proyecto Huellas comenzó en 2023 con un propósito claro: acompañar a los y las adolescentes del hogar Sierra Dorada en la búsqueda de su propósito de vida, mientras les brindamos herramientas para alcanzar mayor autonomía. En 2024, nuestro equipo creció, y el foco estuvo en el apoyo escolar.
Al inicio del año, algunos jóvenes aún no sabían escribir y mostraban poco interés por aprender. Pero, con dedicación, esfuerzo y un apoyo constante, logramos algo extraordinario: al finalizar el año, todos ellos habían alcanzado la alfabetización. Sin embargo, este logro fue mucho más allá de aprender a leer y escribir: juntos creamos lazos profundos, aprendimos a mirarnos a los ojos, a confiar en el otro y a apoyarnos mutuamente. Construimos una verdadera comunidad de aprendizaje y crecimiento, una que trasciende cualquier espacio físico.
Para alcanzar este objetivo, exploramos diversas formas de aprendizaje desde la creación de maquetas y mapas para abordar conceptos complejos, hasta el estudio de ritmos musicales que nos conectaron con la música y el movimiento. Descubrimos que la enseñanza nunca es lineal ni estática; debe adaptarse continuamente a los estados emocionales individuales, a las dinámicas grupales y al contexto. Nuestros encuentros incluyeron de todo: risas, lágrimas, debates apasionados y momentos de reflexión silenciosa. Así entendimos que aprender va mucho más allá de los libros y las lecciones: es una experiencia que se nutre de las conexiones humanas y las vivencias compartidas.
La clave de este año fue fortalecer la unión, la confianza y el respeto mutuo entre adolescentes y docentes. En un mundo cada vez más interconectado, donde todos dependemos de los demás, se vuelve esencial cultivar vínculos sólidos. La frase “ningún hombre o mujer es una isla” nos recuerda que el trabajo en equipo tiene un poder transformador: “el todo siempre es más grande que la suma de las partes”.
Para quienes formamos parte de Huellas, este viaje es un privilegio. Ser testigos del crecimiento, aprendizaje y florecimiento de estos adolescentes es profundamente enriquecedor. Y sabemos que este es solo el comienzo de un camino que continuará...
Gracias por confiar en nosotros y apoyar este proyecto.
¡Feliz Año Nuevo!