Marzo llegó con su energía de comienzos de año, con la tierra todavía húmeda del verano, y el aire cargado de posibilidades. En el Hogar Sierra Dorada, todo empieza a ponerse en movimiento otra vez, aunque todavía en voz baja, con los ritmos propios de un nuevo ciclo que se va acomodando poco a poco.
Nos reencontramos con los adolescentes después del receso, con sus cuerpos descansados y sus corazones llenos de historias del verano. También recibimos a quienes llegan por primera vez, con esa mezcla de timidez, miedo y esperanza que traen los nuevos comienzos. Son días de observar, de escuchar mucho y hablar despacio. De volver a mirar a cada uno y preguntarles, sin apuro, “¿cómo están?”.
No todas las semillas germinan en marzo, pero sí se siembra todo lo importante: el vínculo, la confianza, la presencia. Es un mes en el que el foco no está en el hacer, sino en el estar. Sabemos que este tiempo silencioso es tan valioso como cualquier actividad, porque es lo que va a permitir que más adelante florezca lo profundo.
Los procesos verdaderos no corren, caminan. Así como no se puede apurar una semilla para que germine, tampoco se puede forzar a un adolescente a confiar, a abrirse, a mostrarse. Cada uno lo hará a su tiempo, cuando la tierra está lista, el entorno sea fértil, haya sol y agua en su justa medida. Por eso, este mes preparamos el terreno: escuchamos más que hablamos, ofrecemos presencia antes que estructura, y sembramos sin ansiedad la semilla del encuentro. En un mundo que quiere resultados rápidos, nosotros elegimos acompañar los procesos reales, los que transforman de verdad.
Estamos organizando los talleres, los horarios escolares, las nuevas estrategias de acompañamiento. Pero lo esencial ya empezó: estar ahí, disponibles, atentos, abiertos. Lo demás irá tomando forma con el correr de los días, con la escucha de lo que cada adolescente necesita y el cuidado de un equipo que también se renueva internamente.
Marzo es ese momento en que el año todavía no se nota, pero ya empezó. Y en ese comienzo silencioso, lleno de miradas, abrazos y ajustes, plantamos con esperanza las semillas de lo que vendrá.
El equipo de Huellas de Propósito